En 1924, Louis de Broglie propuso que la dualidad onda-corpúsculo, ya conocida para la luz (que se comporta como onda en la difracción y como partícula —fotón— en el efecto fotoeléctrico), debía extenderse a toda la materia. Es decir, cualquier partícula material (electrón, protón, átomo...) con cantidad de movimiento tiene asociada una longitud de onda , llamada longitud de onda de De Broglie.La relación matemática que establece De Broglie es:
donde J·s es la constante de Planck, la masa de la partícula y su velocidad.Esta hipótesis fue confirmada experimentalmente en 1927 por Davisson y Germer, al observar patrones de difracción de electrones al incidir sobre una red cristalina, fenómeno exclusivamente ondulatorio.
La razón es que la longitud de onda de De Broglie asociada a objetos macroscópicos es extraordinariamente pequeña, completamente inapreciable. Por ejemplo, para una pelota de tenis de masa kg que se mueve a m/s:
Este valor es tan sumamente pequeño (muchísimo menor que el tamaño de cualquier átomo, m) que los efectos ondulatorios —como la difracción o la interferencia— son completamente indetectables con cualquier instrumento o abertura física disponible.En cambio, para un electrón ( kg) moviéndose a velocidades moderadas, la longitud de onda de De Broglie es del orden de los angstroms ( m), comparable al espaciado entre planos atómicos en un cristal, por lo que los fenómenos ondulatorios sí son observables y relevantes.En conclusión, la dualidad onda-corpúsculo existe para toda la materia, pero en el mundo macroscópico la longitud de onda asociada es tan pequeñísima comparada con las dimensiones de los objetos y los obstáculos del entorno que resulta completamente despreciable, y la mecánica clásica describe perfectamente el comportamiento de dichos objetos.





